


Me dijeron que el viernes 02 de mayo llegaba el verano a Bogotá (fuente no muy fidedigna la que me dió la información, debo admitir). Me pareció un poco extraña la noticia ya que según tenía entendido, en este país no hay estaciones o al menos si las hay no se nota la diferencia ya que los 365 días del año hace el mismo clima dependiendo del lugar en el que te encuentres (calor en la costa, frío en Bogotá, etc). Así que ese viernes por estar en Villa de Leiva me perdí la "llegada" del verano. hubiera querido que me dieran hora exacta en que el sol llegaba porque parecía que iba a ser así como una entrada triunfal la del astro rey a la ciudad... En fin, pasaron los días posteriores a la llegada y quiero decir que ciertamente sentí el cambio de clima en la "nevera" (así le dicen a Bogotá). Los días fueron, es esta semana, bastante soleados y por consiguiente la temperatura aumentó un poco hasta decir que se podía salir en mangas cortas de la casa sin miedo a que el la temperatura cambiara brutalmente y uno se congelara por allá. El sol y el calor me encantan, y por supuesto me recuerdan a Paraguay, aunque claro el calor de acá no le llega a los talones al de Py pero igual el hecho de que el sol salga y la temperatura suba aunque sea un poquito me hacen sentir mas cerca de casa.
Así tomé estas fotos el miércoles pasado, mientras cruzábamos la Carrera 30 por el puente peatonal con MArtha Liliana y cuando, en el trajín del día, me dí cuenta que el sol iluminaba las montañas del oriente de la ciudad mientras bajaba por el occidente. Y es que no siempre uno se detiene a mirar estas maravillas tan evidentes. Un regalo mas de la naturaleza que me permito compartir en este humilde espacio.
Pd: Hace tres meses que estoy en este país, me voy acostumbrando a su clima, gente, costumbres, etc. pero no hay nada como la tierra de uno.
Así tomé estas fotos el miércoles pasado, mientras cruzábamos la Carrera 30 por el puente peatonal con MArtha Liliana y cuando, en el trajín del día, me dí cuenta que el sol iluminaba las montañas del oriente de la ciudad mientras bajaba por el occidente. Y es que no siempre uno se detiene a mirar estas maravillas tan evidentes. Un regalo mas de la naturaleza que me permito compartir en este humilde espacio.
Pd: Hace tres meses que estoy en este país, me voy acostumbrando a su clima, gente, costumbres, etc. pero no hay nada como la tierra de uno.

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